- 14 de diciembre de 2021

En el blog.ColeChef.com estamos muy emocionados por la llegada de la navidad, es un momento del año muy especial para los niños y las niñas, son días llenos de magia e ilusión y para los adultos en general son tiempos de recuerdo y un poco rescatar ese espíritu infantil.
Algo que nos trae la navidad que nos encanta son sus historias y cuentos, con relatos que nos hacen soñar ampliamente y nos introduce en mundos llenos de buenos deseos y compartir en familia y con nuestros seres queridos.
Así que presentamos en este post un Cuento navideño, que se titula “El mejor regalo de Papá Noel” de Clara Isabel Sanz Hernández Coordinadora de Monitores y Proyectos Educativos.
Os animamos a leerlo en familia i esperamos que lo disfrutéis tanto como lo hemos hecho nosotros.
¡Feliz Navidad para todos!

Cuento navideño: EL MEJOR REGALO DE PAPÁ NOEL
En el rincón más cálido del nevado Polo Norte, se escondía la fábrica del señor Papa Noel, donde elfos, duendes y renos trabajaban duro durante el mes de diciembre, para hacer llegar a todos los hogares del mundo la magia de la Navidad.
En la noche del 24 de diciembre, los nerviosos elfos se apresuraban para empaquetar los últimos regalos, mientras Papá Noel preparaba el trineo para emprender el viaje con su viejo amigo de nariz roja, Rudolf, y el resto de los renos. Cuando comprobó que todo estaba listo, y llegaron los últimos paquetes para cargar, cogió las riendas del trineo y alzó el vuelo, diciendo a los renos:
– ¡Adelante amigos, esta noche llevaremos regalos e ilusión a todos los niños y niñas del mundo!
Emprendieron vuelo entre estrellas fugaces, copos de nieve y auroras boreales. Pero cuando Papá Noel se dispuso a ver la ruta en su navegador para comprobar que iban por buena dirección…
– ¡Oh no! ¡No puede ser! – se lamentó desesperado. – No funciona mi GPS, ¿cómo recorreré todos los caminos con en esta oscuridad y sin ninguna señal?
Rudolf, se volvió con ojos chispeantes y salió en su ayuda:
– ¡Yo te ayudaré! Con mi brillante nariz roja podremos ver en la oscuridad y encontrar la ruta.
De este modo, se pusieron rumbo a la primera casa, donde un niño esperaba emocionado la llegada de Papa Noel, escondido entre los grandes sillones de su salón. Y sin dejarse ver, tan solo con un fogonazo de luz roja, desprendida por la nariz del reno, dejaron las sorpresas bajo el árbol y continuaron.
A Rudolf le costaba ubicarse en medio de la oscuridad, pero tenía tantas ganas de llevar los regalos, que logró dirigir el trineo a cada lugar, impulsado por su ilusión.
Siguiendo su viaje, aterrizaron en una pequeña casa con muchos niños, se deslizaron por la chimenea y al mirar alrededor descubrieron un salón frío, con pocos muebles, un pequeño árbol de Navidad sin adornos y las caras de los pequeños ansiosas de amor. Entonces, Papá Noel dio una palmada y gritó:
– ¡En este salón falta ilusión y decoración!
Y ¡boom! el salón se llenó de muebles, luces, decoración de Navidad, una espléndida cena con apetitosos manjares y fruta fresca… Y lo mejor de todo, ¡las caras de los niños se llenaron de sonrisas e ilusión! Los renos y Papa Noel dejaron los regalos en el árbol y salieron sin hacer ruido.

Continuaron repartiendo por todas las partes del mundo: entrando por chimeneas, trepando por azoteas…llevando con su magia la alegría de la Navidad, allí donde menos la esperaban y más lo necesitaban.
Cuando terminaron de repartir los regalos, Papá Noel miró a sus renos, les dio las gracias y le dijo a Rudolf:
– ¡Viejo amigo! Guíanos de vuelta a casa con tu luz.
El camino de regreso se hizo muy corto y al llegar, encontraron en la puerta a todos los elfos riendo en bajito y con un pequeño regalo a sus pies, para el risueño Papá Noel.
– ¡Ja, ja, ja! ¡Jo, jo, jo, jo! -estalló al quitar el envoltorio.
¡Era un GPS nuevo para el trineo!
¿Y sabéis lo que dijo Papa Noel!
– Muchas gracias pequeños Elfos, pero ya tengo el mejor indicador del camino, mi amigo el reno Rudolf y su nariz roja. El reno se acercó saltando y le acarició el brazo con su gran nariz roja. Los dos sabían que a partir de aquella noche se volverían amigos inseparables.
Porque los mejores regalos, son los valores como la ilusión y la amistad, no un producto material.
¡MUY FELIZ NAVIDAD!
Clara Isabel Sanz Hernández